1. La primacía de la vida social frente a la lógica frenética de la producción, el consumo y la competitividad. Es difícil imaginar que esa primacía se consolida si antes no hemos conseguido salir, y con claridad, del capitalismo.
2. Ocio creativo, frente a las formas de ocio, siempre vinculadas con el dinero y con el consumo, que se nos ofrecen por doquier. En tal sentido, el decrecimiento acarrea una crítica radical de la mayoría de las formas que ha acabado por asumir la industria cultural que nos acosa por todas partes.
3. El reparto del trabajo, una vieja y clásica demanda sindical que infelizmente fue perdiendo fuelle con el paso del tiempo, como si el sálvese quien pueda hubiese penetrado de lleno en la práctica cotidiana de los sindicatos.
4. El establecimiento de una renta básica de ciudadanía -un ingreso mínimo que beneficie a todos- para atender a los problemas, innegables, que se revelarán al amparo de la aplicación de un programa de decrecimiento. La de la renta básica es, por lo demás, una propuesta lógica una vez se reconoce el derecho a existir: hay que garantizar ese derecho reconociendo otros que le den sentido pleno.
5. La reducción del tamaño de muchas de las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte. La globalización capitalista, en su dimensión de proyecto claramente centralizador y mastodóntico, ha hecho posible un irracional crecimiento del tamaño de las infraestructuras, subvencionadas con recursos públicos en provecho de los intereses y de los beneficios de una minoría.
6. La recuperación de muchos de los elementos de la vida local, frente, una vez más a la lógica de la globalización en curso. Esa recuperación debe asentarse en lugar central en una demanda de descentralización y descomplejización, y debe traducirse en un renacer de la vida rural frente a las megalópolis -las grandes ciudades- forjadas en los últimos decenio. Entre las consecuencias de este proceso se hallará, por fuerza, la reaparición de fórmulas de democracia directa y autogestión.
7. En el terreno individual, la sobriedad y la sencillez voluntarias, dos elementos característicos de la vida de muchos de nuestros antecesores que han sido literalmente arrasados por la sinrazón del capitalismo y de sus reglas. No está de más incluir en este terreno la defensa de proyectos que hacen de la lentitud -la educación lenta, la comida lenta- un aspecto poderosa y saludablemente articulador de la vida socia recuperada.
Carlos Taibo. El decrecimiento explicado con sencillez. Los libros de la catarata, 2011. pp. 51,52 y 53.